¿Escribimos o dibujamos?
Existe un punto de unión entre la poesía y la grafica, un punto donde la escritura se plasma en un papel no solo como la representación de un pensamiento, sino como la representación de un concepto a través de formas, tipografías, etc. Este punto de unión entre lo que vemos y leemos es llamado “caligrama”.
Los caligramas nacen en la antigua Grecia en el siglos IV, de una necesidad religiosa y práctica (de inscripciones realizadas en ofrendas sobre las cuales se escribía el nombre de quien la realizaba y la ocasión de donación). Las inscripciones debían adaptarse a la forma del objeto ofrecido, y se realizaban en líneas o versos). Poco tiempo después esta técnica llega a Roma donde se le denomina technopaegnia.
Con el paso del tiempo varió hasta lo que conocemos hoy, el cual ha sobrevivido a lo largo de la historia, gracias a su gran potencial no solo literario sino que también visual.
Ha pasado por el renacimiento y la edad media, y existe aun hoy en día gracias al dinamismo que entrega al lector/observador y a la posibilidad de expresión que otorga a su autor/creador. Los caligramas no solo nos transmiten un mensaje, sino que también nos representa el mismo, y es por su gran capacidad comunicacional y esta potente ambivalencia que ha trascendido tanto épocas como disciplinas. Además de esta manera facilita su lectura y comprensión al generar un mayor impacto gracias a su representación visual, la cual nos revela de manera inmediata el contenido del texto.
Es a partir de este análisis que surge una interrogante ¿es el caligrama un elemento grafico-poético digno de innovación? Gracias a su factor retórico podemos transmitir variados mensajes a través de este elemento, y ya no solo seguir haciendo de ellos una representación visual de un poema. Y por otra parte, gracias a su factor grafico podemos plasmar en él todos los avances técnicos que acompañan los diversos periodos de la historia, puntualmente todos los avances técnicos de la actualidad.
Este encuentro poético entre lo visual y lo escrito añade una nueva profundidad a la experiencia que se tiene con el caligrama. Lo escrito se potencia, y lo visual se respalda. Una relación simbiótica que logra unir ideas quizás complejas en la letra con conceptos iconográficos perfectamente entendibles.
El caligrama es universal. Porque el dibujo lo es. Si bien ambas partes (escrita y gráfica) son esenciales, es lo icónico lo que de inmediato captura el ojo del observador y lo invita a adentrarse en la experiencia escrita.
¿Escribimos? ¿Dibujamos?. Quizás un poco de ambas. Lo que está claro es que el caligrama es un excelente ejercicio gráfico y no tiene intenciones de desaparecer en el futuro cercano.
Diego Quintana - Romina Castillo - Dai-Liv Fuentes
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