Nuestra ciudad soporta distintos modos de intervención estrictamente visual. Entre ellos podemos señalar: a) la gráfica de carácter comercial, que incluye los múltiples mensajes publicitarios y todo lo relativo a los comercios de mayor o menor tamaño incluyendo letreros, elementos de las vitrinas, etc; b) la gráfica que colabora con los flujos de circulación de personas y vehículos: señalética de calles, números de las casas, señales de tránsito, gráfica de buses, etc. c) la gráfica de propaganda política, que aparece para las elecciones pero que opera también mediante pintadas, murales, graffitis, todos ellos enmarcados en campañas de concientización. Su función es allegar partidarios. En los tres casos se trata de elementos visuales cuya orientación es funcionalmente precisa: hay propósitos declarados en cuanto a hacer que las personas lleven a cabo o desistan de llevar a cabo determinadas acciones.
Pero en la ciudad también hay espacio para la gráfica de función más difusa o más compleja, y que no se centra en acciones concretas de las personas. Esta visualidad se expresa especialmente mediante las diversas formas del arte callejero: graffiti, stencil, murales, etc.
Nuestro taller es una oficina dentro de la cual los participantes, agrupados en comandos, desarrollarán acciones gráficas urbanas en su sentido más amplio, trátese de elementos con funcionalidad precisa, trátese de formas gráficas de funcionalidad abierta. En todos los casos el propósito de la intervención será de cambio: cambiar las acciones, las opiniones o las percepciones de las personas en el marco de la ciudad.
Son condiciones de nuestras intervenciones visuales: el entorno urbano en su dimensión pública o de uso público, el carácter gráfico o eminentemente visual, el respeto a las personas y disposiciones legales, el cambio, la notoriedad, la belleza, la imaginación, la experimentación, la velocidad operativa, la factibilidad.