Diego Barrenechea
El diseño, en su función embellecedora (en el sentido de estructurar mensajes de cierta forma), busca facilitar el acceso a la cultura, es decir, hacer que aquellos contenidos que se expresen de manera gráfica consigan una mayor llegada al público. Tratándose de los principales registros de información, y a su vez los más confiables y específicos, los libros desempeñan una labor enriquecedora a la hora de tener que acceder a las infinitas formas que ha adquirido el conocimiento y el arte a través de la historia de la humanidad. Dentro de este contexto, y aprovechando al máximo las posibilidades que le brindaba la tecnología, Mauricio Amster fue un apasionado creador y sintetizador de mensajes, entendiendo estas dos virtudes como una sola al momento de verlas desde la perspectiva de un diseñador gráfico. Mauricio logró convertir su pasión en una herramienta, impulsándolo a una incansable labor cuyo legado no se ha visto lo suficientemente reconocido en nuestro país.
Tomando en cuenta que es el contenido de un libro aquello que lo ha hecho inmortal, son sus encarnaciones terrenales aquellas que los han mantenido con vida. Son estas las que logran motivar al lector, dándole a través de su estructuración, tipografía, imágenes y sobriedad una primera impresión, insinuándole ciertas características de lo que podría llegar a leer, invitándolo a escoger un mismo libro impreso por una u otra editorial. He aquí parte de la importancia que veo en a labor de Amster, quien vertió en cientos de libros su sello: innovadoras y elegantes tipografías y composiciones equilibradas utilizando la menor cantidad de elementos.
El legado de Mauricio Amster toma fuerza años después de su muerte: Su desempeño no fue en vano, y pese a que probablemente sus portadas no se ocuparían en ediciones actuales, sirven como elemento de estudio, referencia e inspiración. No se puede quedar en la sombra el trabajo al cual una persona dedicó su vida, más aún cuando este ha sido portado en un elemento de tanta relevancia cultural como lo son los libros.
El tiempo pasa y el diseño de los libros evoluciona a la par de los desarrollos tecnológicos. Compitiendo con los textos digitales y con un público que cada vez los desplaza más atribuyendo su labor a la televisión u otros medios, los libros no se acabarán mientras se incluya en ellos un valor estético atractivo (las portadas, la disposición de sus elementos, las ilustraciones) y su lectura se haga más amable (tipografías y tamaños adecuados), cosa que Mauricio Amster lograba conjugar de excelente manera.

