“Tenemos una ciudad con algo que se puede considerar un “metabolismo acelerado”, un proceso rápido y voraz de cambio, de destrucción y sustitución de lo existente por lo nuevo, que nos toma por sorpresa en medio de un paisaje de grúas y torres que avanza sin mucho análisis de las consecuencias, sólo como resultado de acciones individuales y de la rápida gestión de los actores inmobiliarios.”
Rodrigo Gil Camps
Arquitecto de la Universidad de Chile (1996) y Máster en Arquitectura Metropolitana de la Universidad Politécnica de Cataluña (2001). Se desempeñó como profesor de Teoría de la Arquitectura Moderna en la USACH (2002-2003) y desde el año 2004 a la fecha es socio de TNG Arquitectos.
Cuando Emilio Marín menciona el tema de la armonía entre arquitectura y paisaje, y como Santiago carece de esa armonía no puedo imaginarme algo muy distinto a una ameba al mirar este paisaje urbano. No es extraño ver un grupo de enormes y relucientes edificios con antiguas construcciones de piedra en medio de estos, o uno de estos edificios alzándose entre un grupo de casas o edificaciones más pequeñas que no guardan ninguna semejanza entre si, por supuesto que los más grandes y relucientes sin importar su numero amenazan al resto con consumirlos y reemplazarlos por otros como el, como por ejemplo en Ñuñoa que durante el año 2006 los permisos de edificación fueron congelados por el Alcalde Pedro Sabat debido a lo alarmante del cambio de la comuna.
El antes y despus del Palacio Palaciega
¿A que se debe tanta mutación? Diría que a los intereses particulares de quienes deciden construir, a la falta de regulación al momento de determinar el objetivo del paisaje, de la ciudad como tal, de como estas nuevas construcciones influyen su entorno y a que al final el arquitecto realiza su trabajo a partir de las intenciones de quienes lo contratan. No me opongo al cambio ni al desarrollo de la ciudad, si no que a la manera en que esta lo hace y a los intereses que corresponden estos cambios, sobre todo cuando veo que los edificios más grandes y los más “significativos” para la ciudad son edificios corporativos que no buscan ni deben preocuparse por el desarrollo de la ciudad.


