Le hice unas modificaciones y termine de subir los papers y las fotos. Solo me resta poner el link con el video. Espero que este más “Urban” que la vez pasada xD
aqui esta http://urbanshori.blogspot.com/
Taller de Diseño Gráfico V
MARZO/JULIO 2008
Prof. Juan Guillermo Tejeda
Escuela de Diseño
Universidad de Chile
Le hice unas modificaciones y termine de subir los papers y las fotos. Solo me resta poner el link con el video. Espero que este más “Urban” que la vez pasada xD
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Me llama mucho la atención la cantidad de obras arquitectónicas que se han desarrollado -y desarrollan- en los últimos años. Haciendo el mismo recorrido de hace ya 4 años, muchas cosas no existen, como casonas viejas y abandonadas, edificios pequeños, casas amplias en sectores tranquilos, y parece que de sus restos nacen estas estructuras inmensas, que parten con una red de alambres y terminan convirtiéndose en una torre habitable. Siento que en particular, Ñuñoa –donde vivo- es una de las comunas donde más ha sucedido esto en el último tiempo. Casas majestuosas reducidas a columnas de cemento, y digo reducidas porque no alcanzan su esplendor, su gracia y menos aún su espacio, donde se sitúa una especie de “morgue habitable”, donde cada departamento es más pequeño que el anterior, todos apilados en un solo lugar, nadie puede hacer ruido, nadie puede hablar; un sitio muerto disfrazado de moderno. Este concepto de condominio se da en respuesta a la falta de espacio para construir mayor cantidad de casas y también, porque no decirlo, de la necesidad de ciertas personas de vivir unos encima de otros para sentirse más seguros. [seguir leyendo...]
Nací en algún rincón de esta ciudad contaminada, y parece que el humo me contagió de su esencia. Mis primeros años se dieron en un barrio en Ñuñoa, lleno de lugares para jugar, parques, muchos árboles y en general una comunidad agradable para un niño de 4 años. Esa era mi ciudad entonces, un mundo de juegos. Cuando fui creciendo, empecé a conocer lo que de verdad era Santiago, y no me gustaba mucho. Habían lugares sucios, gente con cara de pena y enojo, todos apurados permanentemente. Pero llegó un día en que mi papá armó las maletas y partimos a La Serena. Vivimos en una casa grande, con una vista maravillosa, un patio gigante. Sin embargo, fue pasando el tiempo y me fui dando cuenta que La Serena no era para mi, al menos no para vivir; la gente parecía que siempre estaba bajo el influjo de algún relajante muscular, caminaban demasiado lento por las calles, hablaban lento, y creo que hasta pensaban de manera lenta. Tanta calma, irónicamente, me estresó: extrañaba Santiago.