Indudablemente en la clase pasada estuvimos frente a una exposición de formas y ángulos rectos, un breve recorrido por varios espectros que nos restregaban en la cara una serie de formas cúbicas, desde Piet Mondrian y su famoso cuadro que nos entregó una interesante forma de expresión, hasta el monumento a Las Mujeres Desaparecidas. Un discurso visual empalagoso que sin temor a hastiarnos no se preguntó por la gente que está harta de ver cómo brotan desde la tierra cubos, más cubos, más cubos; como alarde de lo moderno. Sin duda los tiempos y la obra del hombre se reflejan en la arquitectura, pero pienso en lo triste de este fenómeno de moda que se queda corto.
Mucho mejor me siento en la búsqueda, en los desafíos, creo que lo expresado por Alfonso Raposo en un artículo de la revista “Analógica 2. El fenómeno fashion en la Arquitectura”, tiene un mejor sabor para mi paladar, aludiendo a que la arquitectura como fenómeno público tiene que preocuparse de las personas, cito:
“…entendemos que la tarea de la arquitectura también se desplaza. No se trata ya sólo de tratar con sujetos trabajadores, consumidores o ciudadanos sino también de relacionarse con “públicos” que buscan encontrar en el espacio urbano el espectáculo edilicio en todas las escalas de las recintualidades arquitectónicas”.
De la misma forma el historiador del arte Hal Foster en su “breve diccionario de ideas actuales de diseño” cita lo expresado por el arquitecto holandés Kas Oosterhuis:
“nosotros los arquitectos debemos centrarnos hoy en día en la estetización de las emociones…. Nosotros damos forma al flujo de datos y esculpimos la información”
Es una crítica que se extiende indudablemente al diseño, en el aspecto de tener en cuenta cuánto abarca cada obra que hacemos, los medios en los cuales estamos exponiendo y su efecto en la sociedad, la gente se aburre con más de lo mismo, aunque sea muchas veces la obra de diseño un material desechable.

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