
Pareciera ser que la ciudad (al menos Santiago), así como el papel, todo lo aguanta.
Y para nadie es novedad el hecho de que nuestra ciudad en términos arquitectónicos es un soberano despelote, y que algo anda muy mal. Todos somos arquitectos de nuestro propio destino reza el cliché. Yo detesto a los arquitectos. Los detesto porque cada semana, en alguna esquina de mi recorrido cotidiano por la ciudad, una nueva porción amurallada, un hoyo enorme, lleno de maquinaria y materiales, da inicio a la construcción de un nuevo edificio, uno mas del montón, igual al resto de las nuevas construcciones que crecen como callampas en nuestra ciudad, todas sacadas del mismo molde, todas con la misma firma invisible de progreso y falsa modernidad.
Detesto a los arquitectos. Son egocéntricos y mercenarios. Por un lado están los que construyen blocks insípidos y económicos, todos hijos bastardos (bien bastardos) de Van der Rohe, de Gropius y el positivismo de Comte, alzando la bandera de lo utilitario y de lo funcional. Replicas obsoletas, desgastadas y falsas de una antigua vanguardia. Y están los que levantan ostentosas estructuras, brillantes y relucientes, apoteósicas, exuberantes, igual que una película holywoodense. El afán de deslumbrar y destacar por sobre el resto, transforman a estos edificios en caprichos horripilantes guiados por la competencia mas absurda, y no por la integración. Me cuesta entender el afán narcisista y completamente ególatra que hay detrás de proyectos como el Costanera Center, o el edificio Titanium la portada. El primero con una torre principal de 300 metros, dos torres de oficinas de 170 metros cada una, y un hotel de 105 metros de altura, el segundo, situado a una cuadra del anterior, con 190 mts de altura para sus 52 pisos, ambos de brillantes superficies, relucientes y pirotécnicos, compitiendo por ser el edificio mas alto de Chile y América del sur. Como si eso hablara de cultura, calidad de vida y bienestar. Es igual que la práctica masculina de andar midiéndose la verga para ver quien la tiene mas larga. Solo que en este caso se trata de los simpáticos personajes que construyen el lugar donde vivimos, haciéndolo con nuestros edificios.
Es claro como en este ejemplo, se ve manifiesto el tema que Emilio Marín, arquitecto de la Universidad de Chile, expuso en su charla sobre arquitectura para el taller ciudad visual de la carrera de diseño de la misma, donde hizo referencia al carácter sígnico y simbólico que adquieren las estructuras y construcciones arquitectónicas dentro del contexto social-urbano, y de cómo el significado del mismo se ve alterado por el paso del tiempo, por el uso, y por la misma ciudad. Estas despampanantes construcciones que se levantan por estos días en nuestro cosmopolita “sanhattan”, son verdaderos monumentos al poder económico de nuestro empresariado. Cabe mencionar que las irregularidades que rodean a estos proyectos respecto al impacto vial y ambiental que tendrán en la ciudad, expuestas en “Costanera Center: ¿Construcción ilegal?” investigación realizada por la estudiante de periodismo de la Universidad de Chile, Consuelo Goeppinger, demuestran cómo a estos personajes les importa un huevo lo que ocurre con todo aquello que rodea a estos verdaderos palacios, dejando ver una absoluta falta de conciencia y respeto por el entorno, por la integridad visual del lugar y por el sentido de paisaje dentro de la ciudad. El urbanismo pa’ la casa.
Estos enormes falos de concreto y metal, son símbolos de poder, que hablan de abuso, ostentación, dominación y falta de conciencia absoluta. Y no se trata de caer tampoco en un conservacionismo histórico ciego respecto a la tradición arquitectónica del país, como bien dice el rockstar de la arquitectura Rem Koolhaas: “Al preservar un edificio muchas veces se cae en la falsificación. ¿Hasta qué punto alguien intenta reinterpretar una obra antigua y no da una imagen falsa de esa historia? Al mismo tiempo, intento ver cómo la degradación de esa parte histórica puede ser una nueva manera de interpretar y observar la arquitectura. La decadencia puede ser una forma de interpretar la arquitectura”. Creo que es importante preservar lugares y edificios, en la medida que corresponden al testimonio de la ciudad de otras épocas, al símbolo de lo anterior, y este testimonio de ninguna manera debiera borrarse en nombre del progreso. Pero las ciudades cambian y evolucionan. Y negarse a eso tampoco tiene mucho sentido. Considero que hace falta criterio, un sentido profundo de comunidad y una conciencia mas acentuada de lo estético, de la armonía y del impacto visual que implica intervenir una ciudad. Talvez, como planteaba Emilio, un acercamiento de la arquitectura y el arte, la idea de que la obra arquitectónica, además de ser usada o habitada, es también objeto de contemplación y de goce sensorial. Diseño de ciudad con todas sus letras.

Que risa!
Te envolviste en las llamas de la molestia cotidiana para redactar el paper, de la comparacion fálico-arquitectonica como sustrato de poder no me habia percatado….
Sergio, puedo publicar un extracto de tu paper en mi blog???
(escríbeme al e mail indicado)
Elena