Emilio Marín ha destacado una renovación de los significados de la Arquitectura a través del tiempo. Las construcciones que antes inspiraban un número de conceptos limitado y relativo a lo que éstas debían proyectar, ahora son capaces de englobar y transmitir las características de una ciudad completa, el lugar donde factores como la funcionalidad de las cosas se complementa con las experiencias y costumbres de sus habitantes, lo que son y lo que desean ser.
Kevin Lynch en “La imagen de la ciudad” (1960), analizó la percepción psicológica que las personas poseen de su entorno urbano, clasificando los contenidos presentes en las ciudades en 5 tipos: sendas, bordes, barrios, nodos e hitos (también llamados mojones). Según el autor, “los barrios están estructurados con nodos, definidos por bordes, atravesados por sendas y regados por mojones”. Estos hitos, como un edificio o un monumento, son considerados puntos de referencia externos al observador, y su estructura al ser un objeto físico único, es menos compleja que la de los barrios y los nodos: El Edificio Telefónica es un hito, situado en un nodo (Plaza Italia). Sin embargo, la renovación significativa mencionada inicialmente no sólo hace pensar en el Edificio al momento de hablar de Plaza Italia, sino que a mayor escala, un hito como la Torre Entel pueda ser el símbolo de Santiago; la Torre Eiffel, la representación de París o el Partenón, la de Grecia. La tradición que guardan los hitos, además de sus formas (aunque en muchas ocasiones se olvida la historia y sólo se piensa en fotografiar lo atractivo, cual turista japonés), los convierten de puntos de referencia a destinos obligados, los cuales son sobreexplotados por áreas como el Diseño al recurrir a ellos como ejemplo una y otra vez.
Los ciudadanos se acostumbraron a visitar los hitos que ahora son “Arquitectura para el turismo de masas”, como lo llama Mitchell Schwarzer -Profesor de Historia del Arte y Arquitectura del California College of the Arts- y construyen en ellos una imagen global de ciudad que dista mucho de cómo es realmente, llegando incluso a decepcionarse (alguna vez nos habremos preguntado “¿y esto era todo?”).
Definitivamente hay más sendas, bordes y barrios por conocer.


El obelisco es muy fome…. y más encima se repite como dejavú en distintos tamaños por todas partes.
Pero nos sacamos fotos igual.