“Sean cuales sean las intenciones del arquitecto, al final se encuentran con que lo que lo define no es su propia retórica, sino los impulsos que condujeron a los ricos y poderosos a contratar a arquitectos y a intentar dar forma al mundo.”
Deyan Sudjic, en “La arquitectura del Poder
Claramente son muchas las perspectivas desde la cual se puede ver una ciudad. Los enfoques que vamos aprendiendo nos permiten ir conociendo nuestro entorno en sus más diversas expresiones. Leyendo nuestra ciudad vamos aprendiendo a leer lo que somos. En los edificios que buscan impresionar, ser un verdadero emblema a tal o cual empresa o institución, no solamente podemos ver sus valores, su identidad, sino también la manera en la que el grupo humano que habita ese lugar se relaciona con el resto de la población.
No se trata solamente de qué tan lujoso, rupturista, “emblemático” es un edificio, sino también el lugar en que se encuentra, su entorno, la manera en que las personas se relacionan con él (es posible entrar fácilmente o hay un portero que solicita credenciales especiales). Es como si una construcción pudiera decirte “hola, este es un lugar para gente importante, si no lo eres, vete” o “eres bienvenido, entra”.
Es en realidad como todo objeto creado o transformado por el ser humano. Si los escuchas, hablan sobre quien los hizo, cómo era su mundo y cuál es tu lugar en el.
