Artesanos, Artistas, Artífices.
Escrito por Jorge Barrera
Eduardo Castillo me ha pedido que difunda el lanzamiento del libro “Artesanos, Artistas, Artífices, La Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile 1928-1968” este miércoles en donde indica la invitación.
Este es un acontecimiento fuera de lo corriente. Por la consabida marginación de la relación Arte y Diseño que se hace en la mayoría de los planes de estudio. Por la infortunada dependencia de algunas Escuelas de Diseño a Facultades de Arquitectura. Este libro muestra el nacimiento de la enseñanza del diseño en Chile con un comienzo en la Escuela de Artes.
Tuvimos la versión pasada de Taller Convergente una charla del autor, preparatoria del libro, centrada e la figura de Carlos Isamitt y su participación en La Escuela de Artes Aplicadas.
La historia no contada de la Escuela de Artes Aplicadas
Artesanos, Artistas, Artífices (442 pp.) es el título del libro ilustrado que llena un vacío existente en la historiografía de nuestro país. La Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile, que funcionó durante cuatro décadas, surgió a fines de los años 20 y dio cabida a una numerosa y diversa comunidad de profesores y estudiantes, teniendo como principal objetivo orientar la educación artística hacia fines prácticos. Un rasgo significativo del plantel fue también su interés por el mundo popular, tanto al nivel de las temáticas de estudio o los ejercicios realizados, como al nivel del alumnado mismo que recibió. Lo anterior, hizo de esta Escuela un lugar que durante cuatro décadas combinó un plan de estudios basado en modelos de enseñanza artística importados de Europa, con el valor otorgado a la cultura local, las artesanías y los oficios tradicionales.
Artes Aplicadas dividía su actividad en los siguientes talleres: Artes del Fuego, que abarcaba la cerámica y el esmalte sobre metal o vidrio; Artes del Metal, dedicado a la fundición, forja y repujado; Artes Textiles, que abordaba el tejido en sus distintos procesos y aplicaciones; Artes Gráficas, con cursos de grabado, impresión, afiche y encuadernación artística, y Artes de la Madera, que dedicó su actividad a la ebanistería y el tallado. A partir de los años 40, se incorporaron también los talleres de Artes del Vestuario y Decoración de Interiores. Una de las curiosidades que ofrece la investigación al lector es que se otorgaba un grado universitario a quienes cursaban estudios de Artífice o profesor en Arte Aplicado, mientras que para los artesanos que asistían al ciclo elemental en régimen vespertino se otorgaba un Certificado de Artesanía General, luego de cumplir dos años de estudios.
El objetivo principal de Artesanos, Artistas, Artífices es reconocer la importancia que tuvo la Escuela de Artes Aplicadas y observar las particularidades de este modelo educacional en el país, distinto a la educación artística tradicional, y antecedente clave para la enseñanza profesional del Diseño en Chile.


El libro que estaba esperando desde la charla, futura compra.